
La escalada de precios de la carne vacuna profundiza una crisis en el consumo de uno de los alimentos más emblemáticos de la dieta argentina. En San Luis, cortes tradicionales como el vacío y el matambre se acercan a los $24.000 el kilo, mientras pulpas superan los $18.000 y el asado ronda los $9.900, cifras que muchos hogares ya no pueden afrontar.
Aumentos reiterados y caída de ventas
En lo que va del año, se registraron múltiples aumentos en los precios de la carne vacuna, acumulando subas que se reflejan en el mostrador de las carnicerías y disparando la preocupación entre consumidores y comerciantes.
En redes sociales varios usuarios compartieron videos y publicaciones sobre nuevas remarcaciones y la caída del consumo, con etiquetas como “la carne no baja” y quejas por el impacto directo en la canasta familiar.
El impacto económico para las familias
Con estos valores, preparar una comida básica a base de carne para una familia de cuatro personas puede superar fácilmente los $20.000, un nivel que ya resulta inalcanzable para muchos hogares, según testimonios difundidos en redes sociales y comentarios de vecinos preocupados por la pérdida de poder adquisitivo.
Expertos del sector productivo señalan que la fuerte presión de precios se vincula a una caída en la oferta de hacienda por fenómenos climáticos adversos y un mercado ganadero ajustado, con pérdidas de stock vacuno acumuladas en los últimos años que empujan a la suba de precios.
Tendencia hacia proteínas alternativas
En redes también se percibe un cambio en los hábitos de consumo: muchos comentaristas señalan que los consumidores optan por proteínas más económicas como pollo o cerdo, que aunque también han sufrido aumentos, todavía resultan relativamente más accesibles que varios cortes de carne vacuna.
Críticas a la política económica y reclamos sociales
La escalada de precios alimenta críticas en plataformas digitales hacia las actuales políticas económicas, donde varios usuarios cuestionan que la ausencia de medidas efectivas para contener la inflación impacte directamente en productos esenciales como la carne vacuna. Estas quejas se suman a la percepción de que la libertad de elección de consumo se ve limitada por los precios elevados y la dependencia de ofertas puntuales.
Analistas económicos también advierten que la persistencia de la inflación en Argentina mantiene la presión sobre el precio de la carne y otros alimentos, con el riesgo de que estos aumentos se trasladen a la inflación general.



