Crisis en la gestión municipal de Merlo: evalúan un recambio profundo de funcionarios tras seis años de gobierno

El inicio de 2026 encuentra a la gestión municipal de la Villa de Merlo atravesando uno de sus momentos más delicados. En las últimas horas trascendió un pedido de renuncia generalizado que alcanzaría a funcionarios de primera, segunda y tercera línea, en medio de una crisis de gestión que se viene profundizando con el paso del tiempo.
Según pudo saberse, el requerimiento apunta principalmente a áreas vinculadas a Servicios Públicos, uno de los sectores más cuestionados por el deterioro de las prestaciones básicas y la falta de respuestas a los reclamos vecinales. El escenario expone un desgaste acumulado que ya no logra contenerse dentro del propio Ejecutivo municipal.
El contexto político agrava aún más la situación. Desde fines de 2024, la conducción del municipio quedó en manos de un intendente interino, Leonardo Rodríguez, cuya debilidad política es señalada incluso dentro del oficialismo. Como primer síntoma del desorden institucional, a fines del año pasado se produjo la renuncia del secretario de Turismo, un área clave para una localidad cuya economía depende fuertemente de esa actividad.
Lejos de traer alivio, el inicio de la temporada turística resultó más complejo de lo esperado, lo que aceleró las tensiones internas y volvió inevitable la discusión sobre un recambio de gabinete que ya no aparece como una alternativa, sino como una necesidad política urgente.
En ese marco, comenzó a circular con fuerza la posibilidad de que regresen a la Municipalidad funcionarios que ya formaron parte de la gestión local y que actualmente ocupan cargos en el ámbito provincial, una señal que refuerza la idea de falta de cuadros propios para sostener la conducción del gobierno municipal.
El trasfondo político quedó todavía más expuesto tras trascender una frase atribuida al “Pampeano”, padre del intendente en uso de licencia y actual ministro de Turismo y Cultura de la Provincia, Juan Álvarez Pinto. La expresión, deslizada en ámbitos de confianza, fue interpretada como una desautorización directa a la gestión interina y como un síntoma del quiebre de confianza interno: “Le dejás que te cuide la calesita y te la choca”.
A seis años del inicio del ciclo de gobierno, la administración de la Villa de Merlo enfrenta así un punto de inflexión. Con áreas clave cuestionadas, liderazgo debilitado y un gabinete bajo revisión, el pedido de renuncias expone algo más profundo que un ajuste administrativo: revela una crisis política interna que obliga al oficialismo a redefinir su rumbo.



