El Vaticano lidera el consumo de vino per cápita en el mundo

La Ciudad del Vaticano, el estado más pequeño del mundo con apenas 800 habitantes, continúa ostentando un récord sorprendente: es el país con el mayor consumo de vino per cápita a nivel global.
Según datos recientes recopilados por el Wine Institute de California y otras fuentes internacionales, cada habitante de este enclave consume un promedio de 54,26 litros de vino al año, una cifra que supera con creces a naciones con una arraigada tradición vinícola como Francia (42,5 litros), Italia (37,6 litros) o Portugal (41 litros).
El elevado consumo de vino en el Vaticano ha generado curiosidad y debate tanto en medios de comunicación como en redes sociales. Publicaciones en X destacan este dato con asombro: “El Vaticano: 56,2 litros por persona en 2016. ¿Quién lo diría?”, tuiteó un usuario, mientras otro ironizaba: “El Papa dijo ‘no’ a las drogas, pero al vino lo llamó regalo de Dios. ¡Coherencia vaticana!”. Estas reacciones reflejan la mezcla de sorpresa y humor que acompaña a esta estadística.
¿A qué se debe este fenómeno? Una de las explicaciones más citadas es el uso del vino en la liturgia católica, donde simboliza la sangre de Cristo durante la Eucaristía. Sin embargo, expertos como Michael Winterbottom, columnista de The Universe Catholic Weekly, descartan que este sea el factor principal, ya que la cantidad empleada en las misas es mínima. “Apenas se mojan los labios”, afirmó en un artículo, sugiriendo que el consumo sacramental no explica las cifras.
Otra clave está en el perfil demográfico del Vaticano: su población está compuesta casi exclusivamente por hombres adultos, en su mayoría clérigos mayores de 50 años, sin niños ni familias jóvenes que diluyan las estadísticas. Este grupo, según la periodista especializada Raquel Pardo, tiende a participar en reuniones y comidas donde el vino fluye con generosidad. “Es un perfil clásico de consumidor: solventes, sin hijos y con una vida social activa”, explicó en una entrevista para Sobremesa.
Además, el supermercado vaticano, conocido como Spaccio dell’Annona, desempeña un papel crucial. Este economato, exclusivo para residentes y trabajadores de la Santa Sede, ofrece vinos de alta calidad a precios reducidos gracias a la exención de impuestos, un privilegio que contrasta con el 22% de gravamen aplicado en Italia. Medios como La Stampa han sugerido que parte del vino comprado allí podría consumirse fuera de los muros vaticanos, aunque solo los titulares de una tarjeta especial tienen acceso a estas ofertas.
El interés por este récord no es nuevo. Ya en 2014, BBC News Mundo reportó que el consumo per cápita alcanzó los 74 litros anuales, equivalente a 98 botellas por persona, un aumento del 20% respecto a 2011. Aunque las cifras han variado ligeramente con los años, el Vaticano mantiene su liderazgo. En comparación, España, uno de los mayores productores mundiales de vino, registra un modesto consumo de 21,26 litros por habitante, ocupando el puesto 33 en el ranking global, según datos del Observatorio del Mercado del Vino.
Recientemente, el Vaticano ha dado un paso más allá al incursionar en la producción propia. En 2025, se anunció el lanzamiento de su primera cuvée, elaborada con uvas Cabernet Sauvignon cultivadas en los viñedos de Castel Gandolfo, la residencia papal en las afueras de Roma. Esta iniciativa, reportada por medios como Le Figaro, refuerza la conexión del estado pontificio con el mundo del vino, un vínculo que el Papa Francisco ha celebrado al describirlo como “un regalo de Dios y una fuente de alegría”.
Mientras tanto, en redes sociales, el tema sigue generando comentarios. “El Vaticano lidera en vino y santidad, un combo imbatible”, bromeó un usuario en X. Más allá de las anécdotas, este dato curioso pone de manifiesto cómo factores culturales, religiosos y logísticos convergen en un récord que sigue sorprendiendo al mundo.