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Entre la presión de Trump y el control del chavismo: los límites reales de Delcy Rodríguez para gobernar Venezuela

La llegada de Delcy Rodríguez al frente del Poder Ejecutivo venezolano abre un escenario político cargado de incertidumbre, tensiones internas y presiones externas inéditas. Su asunción como presidenta interina se produce tras la captura y traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos, en un contexto dominado por advertencias directas del presidente estadounidense Donald Trump, que dejó en claro que Washington pretende condicionar el rumbo del país sudamericano.

Trump no solo celebró públicamente la detención de Maduro, sino que afirmó que Estados Unidos “dirigirá” Venezuela hasta que se concrete una transición “segura y sensata”. En ese marco, aseguró que el secretario de Estado Marco Rubio mantuvo contactos con Rodríguez, a quien describió como dispuesta a aceptar las condiciones estadounidenses. Sin embargo, la vicepresidenta mostró desde el primer momento un discurso zigzagueante que expone las dificultades estructurales de su posición.

En su primera aparición pública tras la detención de Maduro, Rodríguez denunció un “secuestro” y rechazó cualquier forma de tutela extranjera, remarcando que Venezuela no sería una colonia y que el único presidente legítimo seguía siendo Maduro. Llamó a la movilización popular y adoptó un tono alineado con la retórica tradicional del chavismo duro.

Pero apenas 24 horas después, el mensaje cambió de manera abrupta. Tras encabezar su primer consejo de ministros, difundió un comunicado con un tono moderado, en el que habló de paz, convivencia pacífica y de la necesidad de avanzar hacia un relacionamiento respetuoso con Estados Unidos y la región. El contraste dejó en evidencia el delicado equilibrio que intenta sostener: mostrarse firme ante su base política sin provocar una reacción inmediata de Washington.

Las advertencias de Trump no tardaron en reforzar esa tensión. En declaraciones posteriores, el mandatario estadounidense aseguró que, si Rodríguez “no hace lo correcto”, podría enfrentar consecuencias incluso mayores que las de Maduro. El mensaje fue interpretado como una amenaza directa que limita el margen de maniobra del nuevo gobierno interino.

El interrogante central es quién ejerce realmente el poder en Venezuela. Desde el punto de vista constitucional, la sucesión es clara: ante la ausencia del presidente, el vicepresidente asume. Sin embargo, el trasfondo político es mucho más complejo. Estados Unidos y buena parte de la comunidad internacional no reconocen la legitimidad de Maduro desde las elecciones de 2024, consideradas fraudulentas, y han reconocido como presidente electo a Edmundo González, respaldado por la dirigente opositora María Corina Machado.

Pese a ello, Trump sorprendió al restarle respaldo explícito a Machado y al dejar entrever que su administración prefiere, al menos en esta etapa, una transición controlada desde dentro del propio chavismo. Esa lógica explicaría el aval tácito a Rodríguez, vista como una figura capaz de garantizar continuidad institucional sin un colapso inmediato del Estado.

En el plano interno, Rodríguez no gobierna sola. El núcleo duro del poder chavista permanece intacto y visible: su hermano Jorge Rodríguez, el dirigente Diosdado Cabello, el ministro de Defensa Vladimir Padrino y el alto mando militar siguen ocupando posiciones clave. Su respaldo es indispensable, pero también condiciona cualquier intento de apertura o concesión hacia Estados Unidos.

A esto se suma el frente internacional. Analistas advierten que la capacidad de presión de Washington convive con el respaldo que el régimen aún conserva de aliados estratégicos como China, Rusia y Cuba. Esa red de apoyos reduce la probabilidad de una cooperación plena y explica la cautela de Rodríguez.

Estados Unidos, por su parte, dejó claro que evaluará al nuevo gobierno por sus acciones y no por sus discursos. Rubio advirtió que siguen vigentes múltiples herramientas de presión, entre ellas las sanciones y el control sobre el sector petrolero, y deslizó que el objetivo final es una transición seguida de elecciones “reales”, aunque admitió que ese proceso llevará tiempo.

En ese escenario, Delcy Rodríguez parece atrapada entre dos fuegos: las exigencias de Trump y la necesidad de preservar la lealtad del chavismo. Su supervivencia política dependerá de encontrar un punto de equilibrio entre ambas fuerzas, una tarea que amenaza con dejarla, en poco tiempo, entre la espada y la pared.

Javier Furlotti

Administrador VM Multimedia

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