Opinión por Andrés VallonePolítica

Se cayó el mito de la impunidad: Maduro detenido y América Latina frente a su hora más incómoda

La detención hoy de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y su extracción de Venezuela marca un punto de no retorno para la política continental. No es solo la captura de un presidente en ejercicio: es la ruptura definitiva de una ficción sostenida durante años, la de un poder que se decía soberano mientras gobernaba sobre un país devastado.

Venezuela llega a este día con más de 7,7 millones de emigrados y niveles de pobreza que, en distintos momentos, superaron el 80% de la población. El colapso no fue repentino: fue advertido, documentado y sistemáticamente ignorado.

En Venezuela, el impacto es inmediato. El chavismo queda decapitado y el sistema político, diseñado para la lealtad personal y no para la institucionalidad, entra en shock. Las Fuerzas Armadas pasan a ser el actor decisivo ante una transición incierta. Tras años de hiperinflación que alcanzó cifras de cinco dígitos anuales, escasez y represión, la caída de Maduro combina alivio social con el temor lógico al vacío de poder.

Argentina queda en el centro de la escena, y esta vez sin ambigüedades. El presidente Javier Milei se pronuncia de inmediato en sus redes con un mensaje tan breve como contundente: “Cae Maduro. La libertad avanza”, en un claro respaldo a la decisión adoptada por Donald Trump. El gesto rompe con la tradición de cautela diplomática y alinea explícitamente al país con una lectura ideológica del hecho: la caída de un régimen autoritario como triunfo de la libertad. En el contexto argentino, el mensaje no solo interpela a la política exterior, sino que redefine el posicionamiento regional del gobierno.

Para Estados Unidos, el mensaje es inequívoco: la impunidad tiene fecha de vencimiento. La detención de un jefe de Estado acusado de narcotráfico y violaciones a los derechos humanos rompe un tabú y sienta un precedente que incomoda a más de un gobierno del continente. Ya no se discute si Maduro era un dictador, sino qué ocurre cuando las instituciones regionales fallan y otro actor decide ocupar ese lugar.

La pregunta final es tan incómoda como inevitable: ¿por qué tuvo que hacerlo Estados Unidos? América Latina vuelve a mirarse al espejo y descubre su incapacidad para resolver sus propias tragedias políticas. Hoy cae Maduro. Mañana, la región deberá decidir si aprende de esta lección histórica o si, una vez más, llegará tarde.

Andrés Vallone
Ex Diputado Nacional

Javier Furlotti

Administrador VM Multimedia

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