El Niño se intensifica y crece la alerta por lluvias extremas, sequías y dengue

El fenómeno climático avanza hacia una fase fuerte y podría alcanzar su mayor intensidad hacia finales de 2026. Los especialistas advierten sobre cambios importantes en las lluvias, temperaturas más elevadas y mayores riesgos sanitarios.
El fenómeno de El Niño se intensifica en el océano Pacífico y comienza a encender las alertas por los efectos que podría provocar durante los próximos meses. El escenario incluye desde lluvias abundantes e inundaciones hasta sequías, olas de calor y condiciones favorables para la proliferación de enfermedades transmitidas por mosquitos.
Los últimos pronósticos internacionales refuerzan la posibilidad de un evento significativo. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó a fines de julio que se desarrolla un El Niño fuerte, con perspectivas de continuar intensificándose durante el trimestre agosto-octubre. Los modelos utilizados por el organismo proyectan anomalías de temperatura del océano de alrededor de 2,9 °C y una trayectoria que podría alcanzar su máximo hacia noviembre.
El panorama actualizado de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) también muestra una señal contundente: su pronóstico oficial de agosto asigna actualmente un 100% de probabilidad a condiciones de El Niño para los trimestres que se extienden desde julio-septiembre de 2026 hasta enero-marzo de 2027. Para marzo-abril-mayo de 2027, la probabilidad disminuye al 82%.
Qué puede pasar con las lluvias
El Niño no genera las mismas consecuencias en todos los territorios. Su influencia modifica la circulación atmosférica y puede favorecer precipitaciones superiores a las normales en algunas regiones mientras incrementa el riesgo de déficit hídrico en otras.
La OMM anticipa cambios importantes en los patrones de precipitaciones durante los próximos meses y temperaturas superiores a los valores normales en amplias regiones del planeta. A esto se suma la posibilidad de una fase positiva del Dipolo del Océano Índico, otro factor capaz de modificar los patrones climáticos.
Esto puede traducirse en un escenario complejo para América Latina: lluvias intensas, crecidas e inundaciones en determinadas regiones y, simultáneamente, sequías y problemas de disponibilidad de agua en otras.
Además de los daños sobre viviendas e infraestructura, los eventos extremos pueden tener consecuencias sobre la producción agropecuaria, los alimentos y el abastecimiento de agua potable.
El dengue, otra preocupación
El impacto de El Niño no se limita al clima. Las modificaciones en las temperaturas y las precipitaciones también pueden alterar las condiciones en las que se reproducen los mosquitos transmisores del dengue.
Las temperaturas elevadas pueden acelerar el ciclo del mosquito Aedes aegypti y favorecer la transmisión del virus. Las lluvias abundantes, por su parte, pueden multiplicar recipientes y lugares donde se acumula agua.
Pero la sequía tampoco elimina el riesgo. Ante problemas en el abastecimiento, muchas familias almacenan agua en tanques, baldes u otros recipientes que, si permanecen destapados, pueden transformarse en criaderos.
Por eso, la vigilancia epidemiológica, el descacharrado, el control de depósitos de agua y el monitoreo de las poblaciones de mosquitos adquieren especial importancia antes de los meses de mayor temperatura.
Un fenómeno que se combina con el calentamiento global
Los especialistas remarcan que la intensidad de El Niño no determina por sí sola la magnitud de sus consecuencias. Sus efectos interactúan con otros factores climáticos y con un planeta que atraviesa temperaturas excepcionalmente elevadas.
La OMM advirtió que la combinación de El Niño con océanos globalmente muy cálidos aumenta la preocupación por temperaturas superiores a las normales y fenómenos meteorológicos extremos.
Los pronósticos estacionales tampoco permiten determinar con meses de anticipación cuánto lloverá en una ciudad determinada o cuándo ocurrirá una tormenta. Sí permiten identificar tendencias y zonas con mayores probabilidades de atravesar determinadas condiciones.
Prepararse antes de los meses más críticos
El fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana será una de las principales herramientas para reducir los efectos del fenómeno.
El monitoreo meteorológico, la vigilancia de ríos y reservorios, la prevención del dengue, el mantenimiento de desagües y sistemas cloacales y la protección de las fuentes de agua potable aparecen entre las medidas centrales.
Con un El Niño que continúa fortaleciéndose y que podría mantenerse durante los primeros meses de 2027, los próximos meses serán claves para anticiparse a un escenario que puede combinar temperaturas elevadas, excesos de lluvia, períodos de sequía y mayores riesgos sanitarios.



