
El doctor Norman Jalil, especialista en cirugía bariátrica y tratamiento de la obesidad, dialogó con Javier Furlotti en “La Mañana de Mercedes” sobre una problemática que atraviesa a miles de personas y que, según remarcó, debe ser abordada como una enfermedad crónica y no simplemente como una cuestión de voluntad, alimentación o estética.
La entrevista tuvo además un componente particular: médico y paciente volvieron a encontrarse, esta vez a través de una videollamada, 11 años después de que Furlotti iniciara un proceso que modificó profundamente su vida.
Durante la conversación, Javier recordó que en 2015 pesaba más de 190 kilos y había atravesado numerosos intentos para adelgazar sin conseguir resultados sostenidos.
Fue entonces cuando llegó a la consulta con Jalil y escuchó una explicación que, según recordó, terminó siendo determinante para decidirse a avanzar con una cirugía.
“90% va a ser cambio de actitud y 10% la cirugía”, recordó Furlotti sobre aquella primera consulta.
El concepto continúa siendo central más de una década después.
Jalil explicó que la cirugía bariátrica debe ser considerada una herramienta dentro de un tratamiento mucho más amplio y que el resultado a largo plazo depende de la capacidad del paciente para incorporar una nueva forma de alimentación, actividad física y seguimiento médico.
“Si no mantenés un estilo de alimentación diferente y lo cambiás, al igual que otros intentos, esto no va a funcionar”, sostuvo.
La obesidad como enfermedad
Uno de los principales conceptos desarrollados durante la entrevista fue la necesidad de comprender a la obesidad como una enfermedad.
Jalil señaló que existen mecanismos metabólicos que intervienen en la manera en que cada organismo procesa los alimentos y explicó que esto ayuda a comprender por qué dos personas pueden alimentarse de manera similar y presentar evoluciones de peso diferentes.
Por esa razón cuestionó la idea de reducir todo el tratamiento a una “dieta” temporal.
Según explicó, una persona puede realizar un régimen estricto, perder una cantidad importante de kilos y volver posteriormente a aumentar de peso cuando abandona esas pautas.
El objetivo, planteó, debe ser construir hábitos que puedan mantenerse durante toda la vida.
La cirugía, dentro de ese esquema, permite disminuir la cantidad de alimentos ingeridos y modificar la sensación de hambre, pero necesita estar acompañada por un cambio sostenido.
Once años después
Furlotti relató su propia experiencia y recordó que durante el primer mes del proceso llegó a perder 37 kilos. También señaló la importancia que tuvo el acompañamiento psicológico y profesional para adaptarse a una transformación física muy rápida.
Jalil destacó especialmente que, 11 años después, esos cambios continúan.
Actualmente, Furlotti relató que mantiene actividad física incluso durante sus viajes, combina gimnasio, caminatas, ejercicios cardiovasculares y comenzó incluso a alternar caminata y trote, algo que años atrás consideraba imposible.
Para el especialista, precisamente allí se encuentra una de las claves del tratamiento: que los nuevos hábitos dejen de ser una obligación temporal y pasen a formar parte de la vida cotidiana.
Las inyecciones para bajar de peso
Otro de los puntos centrales de la entrevista fue la aparición y expansión de medicamentos inyectables utilizados para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad.
Consultado específicamente sobre estos tratamientos, Jalil rechazó plantear una competencia entre medicamentos y cirugía.
“Nunca enfrentar dos opciones. Lo ideal sería sumarlas y darles el lugar que tiene cada una”, explicó.
Según señaló, estos medicamentos pueden constituir una herramienta importante para determinados pacientes, particularmente cuando existe un exceso de peso más limitado y resulta difícil conseguir el descenso mediante otras estrategias.
También explicó que actúan reduciendo el apetito y el deseo de comer.
Sin embargo, sostuvo que la evaluación cambia frente a pacientes con obesidad más severa y remarcó que la indicación debe ser individualizada.
Jalil mencionó específicamente tratamientos basados en semaglutida y liraglutida y señaló que en su práctica reciben pacientes que previamente utilizaron este tipo de medicamentos y recuperaron peso después de interrumpirlos.
Por eso insistió en que no deben considerarse soluciones universales ni enfrentarse automáticamente con la cirugía.
“Hay que darle el lugar que corresponde a cada uno”, sintetizó.
Un tratamiento que necesita un equipo
Jalil también puso especial énfasis en el abordaje multidisciplinario.
Explicó que antes de una cirugía bariátrica los pacientes son evaluados por diferentes especialidades, entre ellas cardiología, neumonología, hematología, endocrinología, nutrición, salud mental, clínica médica y anestesiología.
El objetivo es evaluar integralmente al paciente y controlar los factores de riesgo antes de avanzar con una intervención.
Además, sostuvo que el acompañamiento no termina con la cirugía.
El seguimiento posterior con el equipo médico resulta fundamental para sostener los cambios y detectar dificultades antes de que provoquen una recuperación significativa del peso.
“Este lugar es un centro de ayuda, no es un centro de examen”, afirmó Jalil al referirse al acompañamiento de quienes atraviesan dificultades durante el proceso.
“Se puede cambiar”
Hacia el final de la entrevista, médico y paciente coincidieron en un mensaje destinado especialmente a las personas que llevan años intentando bajar de peso y sienten que agotaron las alternativas.
Jalil pidió informarse, consultar con profesionales y comprender que existen diferentes herramientas terapéuticas.
“Que no tiren la toalla. No está todo perdido cuando hay tanto exceso de peso”, expresó.
Once años después de aquella primera consulta, la experiencia personal de Furlotti terminó convirtiéndose en el ejemplo alrededor del cual giró buena parte de la conversación: una cirugía puede ser el comienzo de una transformación, pero sostenerla requiere modificar hábitos y mantenerlos en el tiempo.



